El uso de conductos con agua climatizada permite crear un efecto envolvente de temperatura donde la climatización se transmite de forma homogenea y silenciosa desde todas partes, dado que no usa el aire como fluido transmisor parece como si la instalación no existiera, simplemente nos sentimos cómodos y no nos damos cuenta de que hace frio o calor hasta que no salimos fuera.

Agua climatizada

La instalación de un sistema de climatización por agua, también denominado como suelo o paneles radiantes, se compone de un circuito de tubos que se distribuyen por la construcción, ya sea a nivel de pavimento, techos o paredes. Es posible introducir esta instalación en fase de nueva construcción o mediante la realización de una reforma, aunque en este caso para evitar costes de instalación altos se puede evitar la instalación a pavimento y disponer de paneles prefabricados con un circuito de conductos que se adosan a las paredes o techos. Requiere al igual que los sistemas de aire, de una unidad exterior que proporcione energía al agua, pero la gran diferencia respecto a estos es la posibilidad de utilizar fuentes de energía renovable , por ejemplo con paneles solares o con energía geotérmica, dado que es un sistema que funciona a baja temperatura. Esta unidad exterior se puede utilizar para la climatización y producción de agua caliente sanitaria, ahorrando así en el coste de instalación de la vivienda y reduciendo el consumo.

El uso de esta tecnología comporta grandes ventajas respecto a los sistemas de aire, por un lado está el aprovechamiento de las propiedades de inercia térmica de la construcción. La inercia térmica es el grado de acumulación de energía que tienen los componentes arquitectónicos, que conlleva que tarden mucho tiempo en calentarse o enfriarse, y esto a pesar de que pueda suponer una desventaja debido al tiempo de espera necesario cuando el sistema se pone en marcha, sin embargo en el caso de construcciones que se usan de forma continua (por ejemplo viviendas) supone un gran beneficio dado que la masa térmica puede amortiguar la diferencia de temperatura que se produce entre el día y la noche aumentando ese efecto envolvente de estabilidad y continuidad, creando un desfase y obteniendo el calor del día de verano durante la noche, cuando podemos ventilar, o el frío de la noche de invierno durante el día, cuando el sol entra por la ventana. El sistema es capaz de detectar estas situaciones y aprovechar estos ahorros encendiendose sólo cuando sea estrictamente necesario. (por ejemplo en la tarde del día en verano o en la mañana del día de invierno).

Por otra parte al climatizar la construcción de forma directa obtenemos una sensación de climatización natural por efecto de radiación con lo que la sensación de confort es mayor, pudiendo reducir la temperatura y ahorrando energía. Al mismo tiempo dado que no es un sistema que climatiza el aire, la temperatura resultante de este es ligeramente más desfavorable (más caliente en verano o más fria en invierno) con lo cual la diferencia de temperatura entre el aire interior y exterior es menor, y por ello cualquier fuga por apertura de puertas no supone una pérdida de energía.

Debido a la inercia térmica no es un sistema adecuado a locales o construcciones que se utilicen de forma discontinua, por ejemplo cada varios días y durante poco tiempo. Dado que inercia térmica en este caso produciría pérdidas cada vez que el sistema se apaga.

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