Sin darnos cuenta creemos que nuestra vivienda ahorra energía cuando en realidad no es cierto. El culpable de ello es que nos fiamos de la etiqueta energética como si fuera lo único importante. Es necesario utilizar siempre equipos de la máxima eficiencia, pero no es suficiente, hay ir más allá y escoger la tecnología adecuada y combinarla para que se ahorre de forma conjunta

Confusión: etiqueta energética

Se imagina comprar un coche sin plantearse por ejemplo que viviendo en una gran ciudad con frecuentes atascos, y donde hay medios de transporte público rápido como el metro, solo le haría falta para ir de un barrio a otro? No tiene sentido verdad …..y si ese coche consume poca energía? La respuesta es tampoco. Sabiendo que hay otro medio de transporte más conveniente podemos entender que el hecho de que el coche sea de bajo consumo es un dato poco importante.

Y esto es lo que realmente pasa cuando vemos una etiqueta energética de un equipo de climatización, no conociendo la conveniencia real pensamos que la comparación con otro equipo nos garantiza que el equipo es adecuado, cuando en realidad no lo es. Por un lado desconocemos si realmente hace falta esa tecnología o hay otras opciones mejores (por ejemplo aislar) y también desconocemos que si el equipo escogido tiene problemas de rendimiento porque se va a utilizar en un caso equivocado no es la tecnología que se ajusta al caso particular que intentamos resolver. El hecho de que el equipo pueda tener un mejor grado de eficiencia si lo comparamos con otros equipos parecidos no quiere decir que vaya a resolver el problema de climatización de la forma más eficiente, de la misma forma que un coche (por muy bajo consumo que realice) no resuelve de forma adecuada el problema del transporte dentro de una gran ciudad.

Otra forma de entender el problema es pensar que en nuestros hogares utilizamos varias tecnologías que funcionan al mismo tiempo, y por mucho que utilicemos aparatos etiquetados como grado A de ahorro energético, la forma en la que se consume energía en locales y viviendas sigue siendo muy ineficiente, dado que cada aparato cumple su función de forma individual y no conjunta se acaban produciendo efectos de duplicación y malgasto. Por ejemplo durante el verano el equipo de refrigeración produce calor que se expulsa al exterior mientras que al mismo tiempo utilizamos un calentador de agua que genera un calor equivalente al que hemos desechado.

O cuando abrimos la ventana para ventilar perdemos toda la energía que hemos gastado para climatizar el aire. Por muy eficiente que fuera la máquina climatizadora el efecto conjunto es de derroche. Pensamos que la climatizadora es de bajo consumo y por ello no nos preocupamos del problema de la pérdida, es como si decidimos dejar un coche aparcado y no nos preocupamos de que tiene un agujero en el depósito de gasolina, aunque el coche esté parado el resultado es malgasto. Por ello basar nuestra elección sólamente en una etiqueta es equivocado, en este caso para ventilar de forma eficiente es necesario utilizar recuperación de energía. Aumentar la eficiencia es utilizar estrategias de ahorro combinado para que el consumo conjunto de energía se pueda reducir considerablemente.

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